Salir para reconocerse

Salir para reconocerse texto de Erika Rojas

Hace un año y medio vivía en España y estaba escribiendo sobre la resiliencia de las personas colombianas frente a los conflictos armados, cuando me encontré con un documental, ‘No hubo tiempo para la tristeza,’ del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia (CNMH). Este documental lo sentí como agua congelada cayéndome en la cara, helándome hasta el tuétano y cambiando mi visión de mí misma como colombiana para siempre.

Soy una caleña de familia Antioqueña, viví la Cali y Medellín de la guerra de carteles, estudié ciencia política, he vivido y trabajado en zona de conflicto, y he sentido los conflictos armados[1] de Colombia cerca de mí, experimentado el dolor que deja la violencia; pero nunca antes de ver este documental había pensado relacionalmente en Colombia y nuestra historia de violencia. Este documental me partió el alma, y me hizo sentir un dolor profundo, desenterrando un dolor que no era reciente pero ya dejaba de ser sólo mío. Había vivido la mayor parte de mi vida en Colombia, estudiando el conflicto, pensándolo, mirando a la sociedad que hemos construido y criticando –seguramente- pero volviendo a mi burbuja de “seguridad” cada tanto, pensando que todo estaba mucho mejor de lo que parecía.

Trabajar en zonas de conflicto, sentir el miedo del silencio y del desconcierto que se vive en estas zonas, y volver a la seguridad de la casa; el miedo y la zozobra se convierten entonces en la única noción de conexión con una realidad nacional que raya con una crueldad surrealista. ‘El conflicto colombiano es de alta frecuencia pero de baja intensidad’, dicen los expertos del CNMH en el documental; y de repente me doy cuenta que por muchos años he estado mirado al país con ojos que naturalizan la violencia. En Colombia desaparecen, secuestran, desplazan y mueren personas todos los días. Esas personas dejan de tener un nombre para convertirse en un registro, una denuncia, una noticia que ni siquiera se anuncia. Ese documental me abrió los ojos a esa realidad: ¡en Colombia mueren seres humanos! Sí, es obvio. Pero cuando uno está en Colombia tiende a encontrarle una explicación a las muertes. Es quizá un mecanismo de protección mental. O somos una sociedad muy dañada mentalmente, o somos una sociedad que olvida muy rápido.

Cuando vi el documental, cuando sentí ese dolor que no era sólo mío, entendí que tenía que conectarme con mi historia, con la realidad que me rodeó por mucho tiempo y que a pesar de estar miles de kilómetros lejos de Colombia, todavía cargaba conmigo. Empecé entonces un proceso de memoria que me llevó a escribir una tesis de maestría en Estudios de Paz, para una universidad en Austria, y abrió en mí la pregunta por la reconciliación y el perdón.

 

Salir para reconocerse - Erika Rojas

El documental me hizo entender que en Colombia todos somos expertos en el conflicto. Todos tenemos una opinión. Unos pensamos que es mejor una salida negociada al conflicto, otros piensan que es mejor seguir el ciclo de violencia hasta que se mueran todos los “malos”, como si pudiéramos ser jueces sobre la vida de otros. Pero al final, se nos olvida que los que sufren directamente el conflicto, los que reciben las amenazas, los que desaparecen, los que son desplazados, los que mueren, son seres humanos, son padres, madres, hijos, hijas, hermanos, hermanas, y así sigue la lista. Llevamos años de conflictos que nos han hecho olvidar que estamos conectados a los demás, y que todas las vidas merecen ser celebradas, y todas las muertes lloradas.

Hace 5 años mataron a mi papá. Hace 4 años me fui de Colombia y empecé a viajar por el mundo. Hace un año me senté a recordar, a escribir mi proceso, a llorar, a sacar de mí el dolor y a transformarlo. En mi proceso de memoria me di cuenta que no estaba sola, conocí unas personas hermosas que han sufrido mucho de las diferentes violencias que algunos colombianos proveen en las hermosas selvas chocoanas. Con estas personas aprendí que el ejercicio de recordar y narrar ayuda no sólo a reencontrarse con el pasado y afrontarlo, sino a reencontrarse con el/la causante del dolor, reconocerse y reconocerle. En este proceso he entendido que en Colombia falta que nos reconozcamos, como sensibles, como insensibles, como sobrevivientes, como víctimas, y como victimarios. El reconocimiento personal ya nos hace más sensibles frente al otro/otra –aquel/aquella que es diferente a mí-, y nos hace conscientes de nuestra propia vulnerabilidad y nuestra capacidad para vulnerar a otros. En ese sentido, nos hace conscientes de la vulnerabilidad de ese otro que pensábamos sólo en términos de desplazado, víctima, o incluso, asesino, victimario.

Ver al otro con nuevos ojos nos acerca a su realidad, y nos hace más conscientes de la nuestra. Es como iniciar una nueva relación en donde ninguno es superior al otro, ni social ni moralmente; la humanidad nos hace iguales. Este proceso no es fácil, no es inmediato, cada persona lo lleva a su propio ritmo y en su propio curso; es un proceso reflexivo, sentido, personal y comunitario. Se va al centro del ser para lavar las heridas y volver más fuerte. Ese recorrido no se hace solo sino que está acompañado de las historias de otros y otras que ya lo han realizado. Perdonarse, reconciliarse con uno mismo parece ser lo primero que se hace para poder perdonar o reconciliarse con otro/otra.

Salir para reconocerse es entonces una metáfora de nuestro propio recorrido para desnaturalizar la violencia y vernos a nosotros mismos sin máscaras, y poder ver sin tantos prejuicios. Algunos salen del país para ver mejor, otros salen de sí mismos, de sus realidades-burbuja; aun cuando éste es un proceso personal, el reconocernos mutuamente ya nos acerca en empatía para transformar los ciclos de violencia en Colombia.

 

Documental ‘No hubo tiempo para la tristeza’:

Un documental del Centro Nacional de Memoria Histórica

[1] Escribo conflictos armados en plural porque estoy convencida que en Colombia no existe una sola expresión de conflicto armado, sino muchas. Son diferentes conflictos que deben recibir diferentes aproximaciones.

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