Por qué Destierra?

Pero… por qué Destierra?

Había salido del aeropuerto El Dorado el día 12 de octubre, día del descubrimiento de América, y había aterrizado en Barcelona al día siguiente (¿a quién se le ocurrió ponerle El Dorado?). En España había sido el día de la hispanidad, un día de orgullo patrio (excepto para muchos catalanes y vascos). En Latinoamérica la fecha significa un antes y un después, en algunas partes le llaman el día de la raza, pero en todos los casos no deja de tener una connotación un poco fatídica. Si preguntáramos a un guambiano sobre la fecha, diría que es el día en que empezó la invasión europea a América. Si preguntáramos lo mismo a un gaditano, tal vez respondería que es el día de la fiesta nacional de España. Una misma cosa tiene variados significados, la historia es polisémica.

Dejaba mi apartamento en Chapinero, Bogotá, y llegaba al piso compartido de un amigo en Gracia, Barcelona. Me instalé en la ciudad condal con todas mis costumbres, buenos y malos hábitos, acento y nacionalidad. Algunas costumbres entraron en funcionamiento al instante, principalmente la de andar por la calle bajo un cierto estado de alerta moderada. Sin paranoia, pero con los radares prendidos para detectar a tiempo cualquier acercamiento hostil. Había aprendido a cuidar mi celular y mis bolsillos, a reconocer de lejos a los amigos de lo ajeno.

Volvía al piso tarde en la noche. Caminaba rápido por una avenida, hacía frío y veía algunas personas esculcando la basura. Mis radares estaban en pleno funcionamiento. Viniendo de Bogotá sabía bien cómo reconocer cualquier pequeña posibilidad de robo nocturno. Caminaba con afán, sudaba. De repente, vino una idea a mi cabeza, reflexioné y me dije a mí mismo: estoy cagado de susto. ¿Por qué?

Tenía que dejar ese mal hábito. Además, ya no estaba en Bogotá. Tal vez otras personas en Bogotá han aprendido a recorrer la ciudad sin temor al hurto o a la violencia. Felicitaciones. En mi caso, había tenido que salir del país para ser consciente de que había interiorizado un estado de temor silencioso pero constante. Entonces me detuve, observé tranquilamente en torno mío, respiré profundo y seguí caminando, pero más despacio.

En Barcelona tuve que aprender a estar más relajado, disfrutar mis pasos y no hacer una equivalencia inevitable entre una calle oscura y un atraco en potencia. Me prometí a mí mismo vivir con menos miedo. Una semana después, en una noche de carnaval en la ciudad de Sitges, muy cerca de Barcelona, me robaron mi cámara fotográfica… Unas manos rápidas y expertas la sacaron de mi mochila sin que me diera cuenta. Tal vez el carterismo y el cosquilleo son males comunes en el mundo, presentes en Bogotá y en Barcelona por igual. Afortunadamente, no por eso dejaré de caminar tranquilo en la ciudad. En este o al otro lado del charco.

El robo es un fenómeno intolerable, pero hay otros males en Europa, en Latinoamérica, en el mundo, que tendrían que llamar aún más nuestra atención. En un planeta cada vez más interconectado, en el cual sus habitantes son cada vez más nómadas, hay problemas más transversales como la precariedad del trabajo o la contaminación del aire que nos afectan a todos por igual, sin importar la nacionalidad.

¿Qué tiene que ver esto con Destierra?

Tiene todo que ver. Los problemas humanos no son solo de una nación, son mundiales, más aún con tanta globalización. Y en Colombia sabemos muy bien de eso: tenemos una indecorosa fama global patrocinada por un consumo (o demanda) internacional.  Los colombianos y colombianas que viven alrededor del mundo han tenido que hacerle frente a un estereotipo pesado y muy mediático (que hoy en día Netflix sigue reproduciendo, por ejemplo), y además son testigos directos de la relación que Colombia tiene con el resto de naciones.

Pero en Destierra nos interesa en especial lo que artistas, emprendedores y creadores colombianos, viviendo alrededor del mundo, están haciendo para desarrollar sus proyectos. Creemos que el trabajo creativo y la emprendeduría generan innovación y puntos de vista esclarededores, para los de afuera y adentro. De forma más general también queremos saber de los colombianos viajeros, inmigrantes, refugiados y nómadas cronistas que han tomado el mundo como su hogar.

Tener un pie en Colombia y otro en un país adoptivo permite ver con nuevos ojos las oportunidades, los problemas y los retos que Colombia comparte con la comunidad internacional. ¿Qué tienen que decir los colombianos que viven fuera de Colombia? pues tienen mucho que compartir, ideas, reflexiones, crónicas de vida y proyectos que podrían vinculan a Colombia y a los colombianos con el mundo y viceversa. (6 millones de colombianos fuera de Colombia y casi no se sabe de ellos).

Estas breves noticias sobre los colombianos creadores alrededor del mundo no están cargadas de una nostalgia de país ni son una apología al origen. Más bien, se trata de compartir cuáles proyectos y obras están tendiendo puentes entre sus ciudades de “adopción” y sus ciudades en Colombia, cómo sus experiencias de vida ayudan a superar los problemas comunes en un lado y otro del mundo, qué transformaciones e inclusive qué nuevas nacionalidades, qué obras, qué empresas han creado y qué reflexiones han tenido.

La distancia permite ver con otros ojos qué pasa en ese territorio conocido que ahora está lejos, la distancia autoriza a preguntar hasta cuándo desperdiciar oportunidades para generar un bienestar social que supere conflictos ya muy dilatados. Queremos ayudar a generar nuevas visiones sobre Colombia y los colombianos. Confiamos que el lector nos dirá qué tanto acertamos con este proyecto.

 

La foto de esta entrada es de camilonunohenao

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