Juana Anzellini – Arte desde adentro

La pintura es el vehículo visible de mis reflexiones. Es la manifestación de las preguntas que me asaltan con respecto a los límites de mis sentidos, los límites de los materiales con los que trabajo y de las cegueras visibles -o invisibles- que nos acompañan a los seres humanos todo el tiempo.

  • Juana Anzellini
  • 1985. Bogotá. Colombia
  • Artista
  • Pintura, dibujo y grabado.
  • Ciudad actual: Berlín, Alemania.
  • www.juana-anzellini.com

¿En qué estás trabajando ahora?

En este momento estoy trabajando en lo de siempre: pintura, dibujo y grabado. Específicamente estoy trabajando en un proyecto (una serie de obras) con el que me gané una beca de creación artística del gobierno alemán. Para aplicar a esta beca, tuve que plantear minuciosamente un plan de acción con marco teórico, objetivos, presupuesto, cronograma… cosa que ha hecho que por primera vez, tome decisiones que están enmarcadas dentro de unos límites específicos y unas fechas establecidas con antelación.

El núcleo de este proyecto nace de mi interés por abordar el fenómeno de la ceguera desde mi trabajo artístico. En este caso, decidí trabajar a partir de una imagen que encontré en un libro antiguo (1591) en la biblioteca de la universidad donde hice mi maestría acá en Alemania (Ernst Moritz Arndt Universität, Greifswald). La imagen es un emblema del Renacimiento que se titula “Mutuum Auxilium” (auxilio mutuo). En ella se muestra a un hombre ciego que carga a un lisiado, que a su vez señala el camino que juntos deben recorrer.

Durante el Renacimiento se editaron en Europa, muchas recopilaciones de emblemas que consignaban las normas de comportamiento dentro del espacio social. Podría decirse que en estos libros eran en ese entonces, lo que el “Manual de Carreño” fue en el siglo XIX en Colombia.

Pero más allá de los moralismos y las buenas maneras compiladas en este tipo de publicaciones, fue la particularidad de la interacción entre dos personas discapacitadas lo que atrapó mi atención. La abarcabilidad y fuerza metafórica de este equipo –así como también su inagotable actualidad–, me llevaron a repensar los términos de mi propio quehacer artístico e incluso ciertos aspectos de mi propia vida y del mundo en el que habito.

En este proyecto estoy abordando diferentes versiones de este motivo, planteando unas versiones propias y trabajando –como siempre- a partir desde la pintura, el dibujo y el grabado.

Háblanos un poco sobre esa constante en tu obra: las emociones y expresiones faciales.

Siempre he tenido una marcada obsesión con la imagen de la cabeza. Más que la cara o las expresiones faciales, para mi es la cabeza. La cabeza completa, con el cuello, el pelo, la nuca y la coronilla; aunque a veces aparezcan nada más fragmentos. Este tipo de fijaciones son difíciles de explicar, pues simplemente están allí, habitándome, invadiéndome no sé si desde adentro o desde afuera.

Ahora, hablar o escribir sobre las eventuales emociones que pueden llegar a leerse sobre la superficie de las pinturas, es entrar en terrenos pantanosos. La pintura es un lenguaje que aborda lo inefable, lo que no se puede nombrar con la palabra; es una posición en la que los significados y/o interpretaciones quedan en una zona gris difícil de definir.

La extrapolación de significados emocionales a partir de capas, líneas y manchas es un trabajo de análisis interpretativo que prefiero no limitar con mis propias palabras, pues no tienen el mismo fulgor que tienen las intuiciones enredadas en las brumas de mi cabeza y en mis manos. De cualquier modo, la dimensión emocional de las pinturas es también algo difícil de definir: es como el tono que se le da a las palabras mientras se habla, el acento que puede llegar a tener un grito o el gesto que nos asalta antes de estornudar. Es algo que simplemente sucede, que está allí y no se puede controlar.

Tal y como la interpretación.

Yo camino sobre el filo de una frontera extraña: no me atengo exclusivamente ni a los términos del mundo de la vista, ni a los del mundo de la ceguera, mezclo aspectos de uno y otro lugar…

Juana Anzellini - Mutuum Auxilium

Mutuum Auxilium
Técnica mixta sobre lino
100cm x 170cm
2016

En cuanto a la representación y las técnicas que has utilizado, al principio tu obra (2009) es más definida (las formas), y a lo largo del tiempo se evidencia que buscas difuminar esos límites, jugar con la percepción? Con la interpretación? Háblanos sobre esa “perdida claridad”.

Es cierto. Las formas se han ido diluyendo con el paso del tiempo, la práctica del oficio y las “creencias” que he ido desarrollando con respecto a la pintura. Mis trabajos se han llenado de ruido, de capas superpuestas, de confusión visual y caos. Algo así como un huracán a través del cual se alcanza a ver una figura que se parece desvanecerse. A veces siento que a medida que camino, todo se hace cada vez más tenue, más difuso y más complejo.

En el ejercicio de mi quehacer artístico me ha interesado sobremanera indagar en las dificultades de mi propia percepción. Pienso que es una manera de entender los alcances y límites de mis capacidades con mayor sinceridad. Esto ha hecho que las pinturas se hayan dirigido hacia zonas más “oscuras”. Esa oscuridad no obstante, es para mí un lugar paradójico, luminoso y positivo; un espacio libre de formas y nombres en el que pueden problematizarse las fronteras del entendimiento. En esta oscuridad se imponen otro tipo de coordenadas, otros ritmos, otras formas de percepción. Allí es preciso avanzar más despacio y con más cautela, así como cuando no se puede ver…

La oscuridad es uno de los ángulos a partir del cual se manifiesta mi interés por la ceguera. Y acá establezco un parangón entre estos dos aspectos de mi trabajo, pues he entendido –y nunca deja de sorprenderme- que las personas invidentes descubren en la misma realidad otro tipo de experiencias. Su percepción reconoce coordenadas diferentes. Eso me interesa muchísimo, pues al reflexionar entorno a la idea de cómo una persona invidente se acerca al mundo, podemos reconocer también nuestra propia ceguera fundamental. La ceguera no es solamente de los ojos. Hay muchas cosas que pasamos por alto y que no reconocemos, pero que están allí. Esto no lo reconocemos, pues tendemos a abordar el mundo en gran medida con la vista y nos atenemos casi temeraria y exclusivamente a lo que se presenta ante nuestros ojos.

Por otro lado, creo que la pintura evoca la ceguera implícita en la mirada de cualquier persona, pues se trata de una plataforma que le provee abrigo a lo visible, pero también a lo invisible, a lo que se esconde, a lo que no alcanzamos a ver. Mientras vemos la superficie, hay una cantidad de cosas que no reconocemos, pero que están allí. La pintura es un lenguaje en el que existe un alto componente de invisibilidad, pues está hecha de capas sucesivas que ocultan información o la usan como sustento. La conciencia de esa estructura específica de la pintura no es nada nuevo, pero juega un papel importantísimo en mi trabajo, pues es el puente que me permite enlazar esos polos aparentemente inconciliables: pintura y ceguera.

Yo camino sobre el filo de una frontera extraña: no me atengo exclusivamente ni a los términos del mundo de la vista, ni a los del mundo de la ceguera, mezclo aspectos de uno y otro lugar… De cualquier modo, la ceguera es un fenómeno difícil de describir, sobre todo desde la plataforma de la pintura. Está atravesada de sentimientos indescifrables, emociones híbridas y complejas que no pueden describirse con una sola palabra. Dificultar la visión ante la pintura, irritar la capacidad de la mirada frente a un cuadro que se resiste a revelarse, es para mí una forma de plantear otras coordenadas. Y esto es quizás, un primer paso en el reconocimiento de los límites de la percepción, siempre inadecuada y tosca.

juana-anzellini

Captura de pantalla de su página web: www.juana-anzellini.com

 

¿Qué es lo que más te gusta y disgusta de tu ciudad de origen?
Lo que más me gusta de Bogotá es su ubicación geográfica. La sabana cundiboyacense es esplendorosa. Me gusta el sol radiante que sigue a veces después de la lluvia, el tamaño descomunal de la luna que se ve desde Chía, la venta de fruta picada en la calle y el aire azulado que rodea los cerros por las mañanas. Me gusta también esa eterna primavera que hace que el tema “clima” deje de hacer parte de la conversación casual. Lo que me disgusta de Bogotá son sus límites invisibles (sociales y físicos). La dificultad de moverse ágilmente en la ciudad es un tema verdaderamente aburridor, así como las profundas brechas sociales.

¿Tienes algún proyecto “puente” que haga un vínculo con Colombia?

Procuro participar –en la medida de lo posible- activamente en proyectos artísticos en Colombia. En este momento por ejemplo, estoy desarrollando una obra gráfica para un proyecto planteado por un grupo de gestores culturales que se llama “Quinta Cultural”. Se trata de una carpeta de obras gráficas de un grupo de artistas emergentes. Por otro lado, participé hace poco también en una exposición colectiva de pintura en Bogotá en un espacio de exposición que se llama El Dorado.

También he desarrollado algunos trabajos con situaciones que se relacionan directamente con Colombia. Uno de las últimas serigrafías que hice para mi proyecto “La perdida claridad” y que estaban enmarcadas dentro del concepto de la ceguera como una condición emocional (políticos y civiles en una situación de beligerancia enceguecedora), explora una temática específicamente colombiana: la reyerta popular del 20 de julio de 1810. Esa riña callejera es el germen y el sino simbólico y político de Colombia y parece no haber cesado… El encadenamiento violento de la historia de Colombia nos ha obligado a sus habitantes a acostumbrarnos a una situación de permanente conflicto en la que hemos dejado de reconocer muchas realidades a raíz de vivir en un estado permanente de excepción.

Me da la impresión que el “mundo del arte” en Colombia está atravesando en este momento una suerte de florecimiento…

¿Cómo es tu campo de trabajo en Colombia (por edad y/o género)?. ¿Qué oportunidades hay ahora en Colombia, en términos generales, para vivir como artista?

Me da la impresión que el “mundo del arte” en Colombia está atravesando en este momento una suerte de florecimiento. En Bogotá por lo menos, pasan muchas cosas al respecto: se inauguran galerías, exposiciones, ferias, así como espacios de exhibición alternativos. También desde la oficialidad hay oportunidades, convocatorias, bolsas de trabajo, becas, residencias. Eso es muy positivo y prometedor.

No obstante, vivir como artista y pretender ser independiente desde allí, es todavía algo difícil de alcanzar. Si bien las plataformas están en estado de gestación y fortalecimiento, todavía no existe un “músculo social y financiero” suficiente que soporte a los artistas.

Las condiciones de un país como Colombia, la inestabilidad, la inseguridad, la guerra (así haya algunos que pretendan ignorarlo o no llamarlo por su nombre) son elementos que juegan un papel muy importante en este sentido, pues en este estado de excepción siempre la urgencia sobrepasa la importancia. Y si bien el arte es sumamente importante en el marco de la sociedad, no es urgente.

Es posible que por esta razón se haya desarrollado una nueva generación de “artistas toderos”. Artistas que como cualquier civil necesitan ganarse la vida. Artistas que escriben, que son curadores, profesores, diseñadores web, críticos… Se trata de personas con una formación sólida en varios aspectos del conocimiento, pero por eso mismo con una carencia fundamental: la de no poder dedicarse con una entrega total a la producción artística.

¿Cómo llegaste a tu ciudad actual?

Empecé a llegar a Berlín hace años. Pero sólo hasta ahora tengo los dos pies acá. Antes eran solamente conjeturas, quimeras. Pero en términos prácticos, llegué después de terminar mi maestría en Greifswald en octubre de 2015. Greifswald no queda lejos de Berlín, y como estudiante tuve incluso varias clases acá y poco a poco me fui conectando con la ciudad hasta que por fin llegué del todo.

¿Has tenido problemas respecto a papeles e idiomas para trabajar, estudiar y/o hacer tu vida cotidiana en la ciudad donde vives?

Alemania es un país altamente burocratizado en el que permanentemente se enfrentan pequeñas luchas burocráticas (o grandes) por correo o en oficinas estatales. He cometido todos los errores que hay que cometer, pero afortunadamente he salido bien librada de esas batallas.

Entender el “arcano lenguaje” de la burocracia ha sido una de las instancias más duras de sobrellevar. Sobre todo, porque es algo que nadie le enseña a uno. También los estatutos estudiantiles son difíciles de entender, los contratos y los impuestos…¡Ni se diga!

Yo aprendí alemán en el colegio, así que llegué con el nivel de idioma suficiente para poder conversar y hacer amigos, pero no para participar con soltura en las clases en la universidad, por ejemplo. Al principio me costó trabajo reconfigurar mis pensamientos y expresiones al alemán. Me frustraba no poder reaccionar con espontaneidad, no poder contar chistes o anécdotas complejas. Me sentía como en una jaula. Sin embargo, después de unos meses, las sinapsis en mi cerebro empezaron a recuperar el alemán que había aprendido hace años -y durante tanto tiempo- hasta el punto en el que hoy en día el idioma dejó de ser un problema.

¿Qué es lo que más te gusta y disgusta de la ciudad donde vives ahora?
Lo que más me gusta de Berlín es su apertura. Por ejemplo, poder llegar a mi casa en bicicleta a la hora que sea. También me gusta la generosidad de los espacios (públicos y privados), la posibilidad de poder vivir bien necesitando menos. Lo que no me gusta es que muchas personas que se conocen están nada más de paso. Eso provoca que las relaciones que se van fundando, tengan por lo general un término fijo. Muchos se quejan de la fealdad y la rudeza de Berlín ¡A mi eso no me hace mella! Quizás eso se explique con el hecho de haber nacido y crecido en Bogotá.

¿Cómo te ha transformado haberte ido?, ¿Ahora te sientes un poco menos colombiana?

El aprendizaje que he adquirido en Alemania es innumerable y sigue creciendo. Las lecciones más importantes han sucedido en lugares y tiempos insospechados, fuera del horario de clase, del museo o de la página del libro que leo. Este país ha sido al mismo tiempo recio y generoso conmigo. Lo pienso como una suerte de aguacero bienhechor.

Lo que sí nunca cambia es el sabor de mis orígenes. Yo creo que vivir en un país tan diferente ha provocado que me sienta cada vez más colombiana, más consciente de mis rasgos, de mis raíces mestizas y mi actitud frente a la vida. Llegar a un país extraño es una oportunidad de volver a reconocerse como persona, como colega, como amigo, como artista. Ese proceso es algo complejo y muy complejo y no deja de evolucionar.

Juana Anzellini - Discutiendo a puños

Discutiendo a puños
Técnica mixta sobre papel
43cm x 61cm
2015

 

Fama del colombiano o estereotipo. ¿Cuál es la visión general que hay en la ciudad donde vives sobre Colombia y los colombianos? Por tu apellido/apariencia podrías no pasar como colombiana, has tenido que dar explicaciones al no cumplir con el “estereotipo”?

Cada vez que me preguntan mi procedencia, mi respuesta provoca sorpresa. Es difícil definir el estereotipo del colombiano, pues Colombia es un país mestizo en el que existen cualquier cantidad de sabores, colores y tamaños. En ese sentido no sé qué significa cumplir con el estereotipo de un país que se desconoce…

Algo para tener en cuenta es el protagonismo mundial que ha cobrado Pablo Escobar. Es el referente obligado del momento. Esto tiene que ver probablemente con las series que se han producido en los últimos tiempos al respecto… La realidad aplastante del narcotráfico en Colombia sigue siendo la vara de medida con la cual se aborda el principio de cualquier conversación con alguien que no sepa nada más sobre el país. De vez en cuando me encuentro personas que han viajado por Colombia y sus comentarios son en la mayoría de los casos positivos, aunque no falta el relato de algún atraco o una situación difícil. Unos pocos saben algo de las negociaciones de paz y casi nadie sabe dónde queda exactamente. El hecho de que haya estaciones (como las de acá) siempre sorprende, así como la explicación sobre la diferencia climática marcada por los pisos térmicos.

Volver. ¿Crees que volverás a Colombia algún día?, ¿Bajo qué condiciones volverías a vivir en Colombia?

Volver: todo un tema! Es algo en lo que siempre pienso y en este momento no podría dar una respuesta clara. Es una cuestión de días y de humores. Hay días como hoy, por ejemplo, en los que la nostalgia me llama desde lejos y pienso que quiero volver, tomar jugo de lulo todos los días y ver a mis seres más queridos a la vuelta de la esquina. Pero hay otros, en los que por ejemplo, después de leer la prensa, quedo desencantada y pienso que volver sería insertarme nuevamente en unas circunstancias que en ese momento se me antojan odiosas.

De cualquier modo es una pregunta que está siempre en el telón de fondo de mi vida, así me encuentre en una fase vital y laboral que me señala otros posibles caminos. Lo que sí me interesa muchísimo es poder seguir ejerciendo mi carrera artística en Colombia, no dejar de estar conectada con el arte allá (así no viva allá en este momento). Soy plenamente consciente de la importancia de mi lugar de procedencia y le doy mucha importancia a ese aspecto, pues creo que es necesario que el panorama artístico colombiano se vuelva más robusto, más incluyente y le de oportunidades a nuevos nombres.

¿Cuál es la música colombiana que más te gusta o interesa y por qué? (y cuál es la que menos te gusta?)

¡La música colombiana es inmensa! Difícil decir cuál es la que más me gusta sin dejar a muchos por fuera. Pero puedo decir que me gusta desde el folclor llanero y Alejo Durán, hasta Sidestepper y De Juepuchas. Los Aterciopelados fueron una piedra fundacional de mi cultura musical en la adolescencia, así que no puedo atenerme a una única tendencia.

En estos momentos he percibido un nuevo boom de músicos de mi generación, con propuestas audaces. Creo que hay potencial en este campo y que ese clima seguirá ampliando los límites del folclor musical colombiano. La música que no me gusta prefiero dejarla en el tintero…

 

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Fotografía principal por: Joëlle Pidoux

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