Felipe Barragán

malasaña - la calera Felipe Barragan

Me disgusta el tráfico (cliché). Pero en general siempre disfruté Bogotá. Ahora, después de 12 años en Madrid tengo que conocerla nuevamente. La escena ha cambiado bastante, la noche es muy diferente. Creo que esta Bogotá me está gustando también. Bogotá para mí tiene un desorden natural que me inspira mucho. El frío matinal, el calor del medio día, la lluvia de la tarde y el viento nocturno.

    • Felipe Barragán, Artista
    • Oriundo y vecino actual de Bogotá
    • 12 años en Madrid, con estancias en Buenos Aires, Berlín y Hamburgo
    • ver una muestra de obras aquí

¿Madrid?
Viví una ciudad muy cambiante, había muchas calles y espacios en proceso de remodelación, así que caminaba siempre con la sorpresa de una nueva fachada o un nuevo descampado. También cambiaba muchísimo la gente y los barrios. Ví desaparecer muchos bares míticos, en todos ellos pasaron cosas geniales. La vida del bar es lo que más me gustó de esa ciudad, cambió mi dinámica. No hace falta nada más.

¿Qué enseñanzas te ha dejado vivir afuera de Colombia?
Salir de mi espacio me cambió mucho. Hay ciertas dinámicas, ciertos vicios que te debes quitar, y esa costra solo se cae estando fuera.

Está lo obvio de la responsabilidad y la tolerancia que ganas en esos pisos* compartidos con estudiantes de todo el mundo, que te aportan nuevas perspectivas y asumes otros modos de ver y de sentir…

Una expresión que se te haya “pegado” de España y ahora uses en Bogotá
Jo

¿Por qué te fuiste de Colombia?
En esa época no había nada que hacer académicamente en Colombia al terminar el programa de Artes. Me sentía en buena forma y tenía un apetito voraz por conocer y aprender. Investigué varios programas (miles) en un incipiente internet (año 2003) que me pasaba las direcciones de diferentes facultades para poder, vía postal, conseguir los programas que ofrecían.

Llegué al programa de doctorado de la Universidad Complutense de Madrid engañado por un vacío en los requisitos y motivado principalmente por el precio, que era un 10% de lo que podían costar los otros programas que me
interesaban. Una vez allí, todo el panorama cambió. Nada, absolutamente nada, era como lo pensaba. Nada era como se presentaba en el papel. Madrid es mucho más grande de lo que esperaba y mucho más potente; muy pronto, el programa académico dejó de ser lo principal porque la calle, la gente y el cielo, eran mucho más interesantes y me enseñaban mucho más.

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malasaña - la calera Felipe Barragan

 

¿Algún proyecto que hiciera un vínculo con Colombia desde España?
Desde Madrid, el primer gran proyecto, tormenta/calma, 2005, partía de una historia terrible. El secuestro de Beatríz, madre de un gran amigo y hermano del alma, me llevó a trabajar en imágenes construidas de memoria, reccreando escenarios y paisajes que no tenía en frente. Era interesante, en medio de Madrid, lanzar la mirada hacia ese escenario lejano, pero que dolía en mi interior y vibraba intensamente.

¿Cómo influyó tu vida en Colombia en la obra que desarrollaste durante todos esos en España?
Soy de Bogotá y viví en Bogotá muchos años, pero la experiencia que marca mi vida en Colombia es un contacto familiar con el llano. Viví allí en la infancia y esas experiencias vitales marcaron, por ejemplo, mi proyecto de grado en artes plásticas de la universidad. El río Tocaría, en Casanare, educó mi mirada, aprendí a vivir y disfrutar de la naturaleza…

Felipe Barragán dibujos migratorios- en Destierra

Tienes una obra que se llama “DIBUJOS MIGRATORIOS” ¿contecta con el tema de esta web?
En “Dibujos Migratorios” me interesé por el entorno cotidiano de una ciudad que no duerme y que, en su velocidad, pasa por alto personajes, historias particulares. Los músicos del metro, los vendedores ambulantes, los expendedores nocturnos de cervezas y bocadillos (y tallarines con gamba), tienen una manera particular de crear sus carromatos, sus medios de sustento portátil. La mayoría son migrantes, pero incluso los locales, viven su vida en un medio de transporte, desplázandose eternamente en vagones saturados y calurosos que, ciegos y sordos, son testigos
de sus performances repetitivos como mantras.

¿Cómo influye tu historia de vida en Madrid en tu obra actual?
No soy consciente de algo en particular, creo que ya Madrid me ha marcado personalmente y que todo lo que hago de una manera está ya tocado por esa experiencia.

¿En qué obra estás trabajando?
Hace poco me vinculé con la academia en la facultad de artes de la Javeriana. Combino ese ejercicio docente, que me resulta muy estimulante y enriquecedor, con mi propuesta personal; hace unos meses monté en Villavicencio “Camino de Campo”, un recorrido con dibujos, instalaciones, fotografías de archivo y fotos tomadas en diferentes viajes al llano, que cabalga de la mano de un texto homónimo de Martin Heidegger “DERFELDWEG”.

¿Qué es lo que más identifica tu obra plástica?
He mantenido abiertas ciertas líneas de investigación que se comunican entre sí. Soy un entusiasta del oficio, el dibujo, los materiales que lo conforman, los papeles, me obsesionan. Por otro lado, como amante del oficio, me interesan las personas de oficio. Sus herramientas, sus procesos, sus papeles, motivan cada proyecto.

Creo que en Bogotá y en Madrid lo que hace falta es educación. El arte es potente, sensible, formador. No debe tratarse como un lujo de pocos.

¿Cómo es vivir del arte en Madrid?
No creo que sea más fácil en un lado y otro por simple cuestión geográfica, hay muchos factores. En todas partes hay que aprender a servir alguna que otra mesa. Yo prefiero el trabajo en barra que en sala, por ejemplo. (suerte, rosca, contactos, honestidad, convencimiento, resistencia, etc).

¿Hay tanto apoyo a la pintura y al dibujo en Colombia como en España?
Todo cambia. Los 12 años en Madrid no fueron nunca estables; a nivel convocatorias y certámenes, sigue siendo abismal la diferencia en el número y tamaño de las bolsas que apoyan estos eventos, sigue siendo grande la diferencia, pero Madrid ha cambiado drásticamente su escenario. En Colombia el apoyo es transversal y esporádico.

¿Cómo se ve a los artistas colombianos en Madrid?
Académicamente hay cierta irreverencia, cierta osadía natural en lo que planteamos. Tenemos menos miedo de hacer y de errar y no tenemos que matar tantos monstruos que nos miran desde “el prado”. Esto ha generado un apetito hacia lo latinoamericano en los últimos años de parte de los coleccionistas.

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Fragmento de la obra “Camino de Campo” de Felipe Barragán

¿Qué hace falta en cada uno de los dos países?
Creo que en ambos lugares hace falta educación. El arte es potente, sensible, formador. No debe tratarse como un lujo de pocos. Se desperdicia mucho tiempo y talento depositando tanta materia en los museos que permanecen sin ningún compromiso formativo con una comunidad que no los visita y que crece cada vez más torpe y más vacía.

Un lugar al que guardes un especial cariño en las dos ciudades
Malasaña es mi casa, la calera es mi casa

Una banda de cada ciudad
La escena musical de ambas ciudades me gusta mucho. Disfruté siempre los tambores de El Retiro y ahora unas Batucadas en la séptima que le pegan muy bien a esa caminata por el centro de Bogotá. Humbert Humbert eran brutales (en Madrid), ahora soy muy fan de AFÓNICA (Bogotá).

¿Cuáles fueron los retos más grandes para hacer tu vida en esa España de la crisis económica?
Más que un reto, la única dificultad que se me presentó, ha sido la negativa en la homologación del título. Esto mismo lo vivieron varios colegas. Afortunadamente no es el cartón lo que me avala como dibujante ni lo necesito para ejercer mi oficio.

Aparte de esto, las dificultades laborales han sido las mismas de cualquier ciudadano europeo. He tenido un trabajo estable en una empresa de más de 15 años que ha tenido que cerrar por la crisis, las galerías con las que tenía relación han cerrado y por temporadas miedosamente largas he estado bastante inactivo.

¿Cómo está “procesando” el arte en Colombia las negociaciones con las FARC?
Supongo que con fluidez. No es un proceso oportunista, existe un compromiso con lo político como testigos de nuestro tiempo. He visto proyectos muy potentes y conmovedores.

¿En Colombia hay una sobre-explotación de la violencia como tema artístico?
No es un tema que se “explote”. La violencia es una realidad humana que se manifiesta cotidianamente de muchas maneras.

¿Qué opinas de la explotación minera en Colombia?
Es un negocio terrible. Al estado le da igual repartir licencias con compromisos ambientales que luego se pasan por donde sabemos, luego, están las explotaciones ilegales, que cuidadas por esos gorilas armados, emplean a niños y tienen el mismo compromiso ambiental que los que llevan corbata… no hay nada que hacer, y es así con las minas de oro, de piedra, de sal, de carbón, etc…

¿Y de las negociaciones con las FARC?
Que hay que apoyarlas. Todo apretón de manos es positivo.

¿Y del abandono histórico del Estado a regiones como Chocó?
Colombia ha tenido desde siempre un fuerte bloqueo topográfico que, a día de hoy, mantiene aislados los territorios. Mezclemos esto con administraciones oportunistas y corruptas que han desviado recursos y obviado prioridades para beneficio e interéses propios. Ese abandono no lo ha sufrido únicamente el Chocó, también está el llano (que es más que el Meta), Amazonas, Putumayo, Guavuare, Vaupés, etc. ¿Qué opino? no opino, es una decepción que me ha acompañado siempre.

Un artista actual, vivo, que sea una referencia para ti
Muchos! me lo pones muy difícil, pero se me viene así, sin pensar, Marlon de Azambuja. Brasileño en Madrid. Está en plena forma. No trabajamos en la misma línea, pero su proyecto es absolutamente honesto y eso merece toda la admiración y respeto.

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